Abú Simbel, el Gran Templo de Ramses II

| 13 julio, 2012 | 0 Comments

Abú Simbel, conocido como “El Templo de Riamsese-Meryamun”, es una de las grandes maravillas arqueológicas, testigo del esplendor del Antiguo Egipto y que han sobrevivido al paso del tiempo con un estado de conservación casi perfecto. Se trata de un conjunto de dos templos adyacentes, mandados construir por Ramses II para conmemorar su victoria en la batalla de Kadesh.

Ambos templos de Abú Simbel forman parte del Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1979.

Abú Simbel es uno de los símbolos más importantes de Egipto; su fisonomía es muy característica, se trata de construcciones monumentales excavadas en la roca natural: el templo mayor, estaba dedicados al culto de los dioses Ptah, Amón-Ra, Ra-Horajti y al propio Ramses II divinizado; tiene una fachada impresionante de casi cuarenta metros de largo y más de 30 de altura, en la que cuatro estatuas sedentes del faraón Ramses II de más de 20 metros de alto custodian la entrada que se abre en el centro a sus pies.

El templo menor está dedicado a la diosa Hathor, personificada por Nefertari, esposa favorita de Ramsés II, su fachada tiene seis figuras también esculpidas en la roca, de diez metros de alto, que representan al faraón y a su esposa con el pie izquierdo adelantado en actitud de marcha.

Estos grandes colosos fueron los causantes de su descubrimiento: durante siglos Abú Simbel permaneció enterrado bajo las desérticas arenas hasta que en 1813 el explorador, aventurero y espía suizo J.L. Burckhardt se topó con uno de estos colosos, un año después de haber descubierto el enclave de “La Ciudad Roja” de Petra, una de las maravillas del mundo antiguo, en la actual Jordania.

El descubrimiento completo de Abú Simbel es una historia de película: Burckhardt, joven y erudito conoce al aventurero italiano Giovanni Battista Belzoni y le habla de su descubrimiento del gran templo; Belzoni se encontraba en El Cairo presentando y vendiendo un invento suyo, la noria hidráulica. Belzoni no vendió su noria, pero entabló una fructífera relación con el cónsul británico Henry Salt que le encargó la recuperación de varias reliquias descubiertas. Fue durante esta expedición que viajó por el Nilo visitando yacimientos como Philae y decidió llegar hasta el gran coloso de Ramses, enterrado del que le había hablado su amigo, quedando prendado y decidido a reunir los fondos necesarios para la enorme empresa de desenterrar el hallazgo. Aún tuvo que esperar otros dos años y organizar una nueva expedición con el mecenazgo de Henry Salt para poder acceder a su interior. Las correrías de Belzoni y sus descubrimientos por el Valle de los Reyes está profusamente documentada por sus diarios de campo, con abundante documentación gráfica y por sus numerosas acuarelas. Muchos de sus hallazgos pueden verse en el British Museum de Londres.

La construcción de la presa de Asuan provocó una situación de peligro para muchos de los templos a orillas del Nilo, por lo que en 1959 y tras una campaña de colaboración internacional se consiguieron los fondos para reubicar estos templos en zona segura, entre ellos el de Abú Simbel, que se trasladó por piezas a una zona próxima, más alta y segura con un coste de 36 millones de dólares.

Marga G.-Chas Ocaña

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